Normativa legal en España:

 

 

La primera estadística médica que se hizo sobre los trabajadores expuestos a la amianto se publicó en 1930 y reveló que uno de cada cuatro trabajadores sufría asbestosis, revelando igualmente que se trataba de una enfermedad de larga latencia y que el polvo de amianto podía ser controlado simplemente mejorando la ventilación y usando respiradores.

 

Todos estos hallazgos se tradujeron en nuestro país en la publicación de la primera normativa reguladora del trabajo con exposición al amianto y sus efectos perjudiciales. Fue la Orden ministerial de 31-1-1940, por la que se aprueba el Reglamento de Seguridad e Higiene en el Trabajo y en la que establecen las condiciones de trabajo en ambientes pulvígenos (derogada por la Orden ministerial de 9 de marzo de 1971)

 

Este Reglamento se completo con el Reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas (Decreto 792/1961, que se aprobó con la Orden de 9 de mayo de 1962).

 

Con la creación en 1961 del Fondo Compensador del Seguro de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales, se incorporó un Cuadro de Enfermedades Profesionales con 33 dolencias de origen laboralque incluyó por vez primera la asbestosis, limitando los trabajos de riesgo a la extracción, preparación y manipulación del amianto, el sector del textil-amianto y la fabricación de guarniciones para frenos, material islante y productos de fibrocemento.

 

Por su parte, la Ordenanza General de Seguridad e Higiene en el trabajo de 1971 introdujo normas generales para los trabajos con riesgos especiales, incluidos aquéllos en que se desprendieran sustancias pulvígenas «perniciosas para los trabajadores».

 

No parece que este disperso y deslavazado conjunto de normativas orientadas a limitar los niveles de exposición al amianto, garantizaran una adecuada protección. Hay que tener en cuenta, además, que su aplicación se limitó a algunos sectores de riesgo, dejando de lado actividades expuestas como el textil-amianto, la siderometalúrgica o la industria química. Por otro lado, la infradotada Inspección de Trabajo difícilmente pudo hacer un seguimiento adecuado del cumplimiento.

 

A mediados de los sesenta, los medios profesionales de la medicina de empresa se hicieron eco de las nuevas evidencias sobre el poder cancerígeno del amianto. Tras la celebración de diversos Congresos Internacionales, Reuniones Monográficas de trascendencia internacional y diversos estudios epidemiológicos presentados, se pudo acreditar la existencia de sobremortalidad por cáncer bronquial entre los trabajadores del sector del aislamiento y la industria naval, colectivos de riesgo hasta entonces desatendidos. Las nuevas evidencias sobre el potencial cancerígeno del amianto, fueron la base para cuestionar los valores máximos de exposición acordados.

 

La industria del amianto reaccionó ante este creciente consenso internacional introduciendo incertidumbre científica sobre el potencial cancerígeno del crisotilo (o amianto blanco), que representaba más del 85% del consumo mundial de amianto, pero la prensa médica española apenas se hizo eco de las importantes conclusiones alcanzadas en estas reuniones internacionales.

 

En 1978 se aprobó un nuevo Cuadro de Enfermedades Profesionales, que contemplaba 71 enfermedades con derecho a indemnización, clasificadas en seis grupos. En él se mantuvo la asbestosis, ampliando los trabajos de riesgo al desmontaje y demolición de instalaciones que contuviesen amianto, y se incluyó por primera vez el carcinoma primitivo de bronquio o pulmón por asbesto y el mesotelioma en los trabajos expuestos a la inhalación de polvos de amianto.

 

Fue la Orden de 31 de octubre de 1984, por la que se aprueba el Reglamento sobre Trabajos con Riesgo por Amianto.

 

Es en 2001 cuando se establece en España la prohibición de utilizar, producir y comercializar fibras de amianto y productos que las contengan; Orden de 7 de diciembre de 2001, que transpuso la Directiva Comunitaria 1999/77/CE, por el que se imponen limitaciones a la comercialización y al uso de ciertas sustancias y preparados peligrosos.

 

Finalmente, en 2006 se aprobó el Real Decreto 396/2006 de 31 de marzo, que establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto.

 

Con el Real Decreto 1299/2006, se estableció el Cuadro de Enfermedades Profesionales vigente en la actualidad, que contiene 141 enfermedades estructuradas en dos listas (Anexo 1, con la lista básica de enfermedades, y el Anexo 2, con la lista complementaria de enfermedades). En el Grupo 4 del Anexo 1 (enfermedades causadas por inhalación) se incluyen las afecciones fibrosantes de la pleura y pericardio que cursan con restricción respiratoria o cardíaca provocadas por amianto. Así mismo, se contempla por primera vez un Grupo 6, de EP causadas por agentes carcinógenos, figurando el amianto en primer lugar, asociado a la neoplasia maligna de bronquio y pulmón y al mesotelioma (pleural, peritoneal y de otras localizaciones), y se amplían los trabajos de riesgo. Finalmente, en el Anexo 2 se incluye el cáncer de laringe producido por la inhalación de polvo de amianto. 

Para saber más sobre el Dr. Irving J. Selikoff:

 

Dr. Irving J. Selikoff (1915-1992)

 

Probablemente sea “el investigador médico a quien los trabajadores del amianto y en general todos los afectados por esa contaminación, deben más reconocimiento que a ningún otro". Estas son palabras de F.B., ex-trabajador de Uralita (Sevilla).

 

El Dr. Irving J. Selikoff nació en 1915 en la ciudad de Nueva York y falleció el 20 de mayo de 1992 en Ridgewood, Nueva Jersey, a los 77 años de edad.

 

Asistió a la Universidad de Columbia para su licenciatura y luego viajó a Escocia para estudiar medicina en el Royal Colleges.

Fue un investigador médico pionero que en la década de 1960 estableció un vínculo entre la inhalación de partículas de amianto y las enfermedades relacionadas con los pulmones.

 

Sin esa labor rompedora, el reconocimiento científico y social de esa realidad, se habría retrasado décadas, o no se habría producido nunca, porque hay que decir que la actividad del doctor Selikoff (que no se limitó al ámbito puramente académico), contó con la frontal oposición y el descarado ostracismo del poderoso lobby del amianto, que lo combatió hasta el punto de llegar a calumniarlo después de muerto, al afirmar que él no sólo había exagerado los peligros del amianto, sino que incluso había falsificado su título de médico.

Su labor pionera, se continuó con toda una vida y toda una trayectoria profesional, dedicada a afianzar y perfeccionar sus resultados iniciales de la clínica y de la epidemiología, como avala la numerosísima bibliografía médica que su actividad científica originó.

 

Durante muchos años, Selikoff fue director de la División de Salud Ambiental y Ocupacional del Hospital Mount Sinai en Nueva York. Después de su muerte, pasó a llamarse "Irving J. Selikoff Center for Occupational and Environmental Medicine".

 

Ha recibido premios de la Asociación Americana de Salud Pública, la Academia de Ciencias de Nueva York y la Sociedad Americana del Cáncer. También fue galardonado con el Albert Lasker por su trabajo en probar clínicamente la isoniacida para su uso en pacientes con tuberculosis en 1955.

 

En 1982 co-fundó el Collegium Ramazzini (referente mundial en salud ocupacional) que reúne a 180 expertos en los campos de la salud ambiental y ocupacional de más de 30 países, junto con otros científicos.

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